Un espectáculo multidisciplinar, que aúna teatro, performance, danza y cabaret, ambientado en los últimos días que Goya pasó en La Quinta del Sordo antes de exiliarse a Francia. Es Lucientes, el montaje ideado y dirigido por Rakel Camacho, con quién hablamos para saber más de esta obra que establece paralelismos entre la sociedad española del siglo XIX, y la actual. Los jueves y viernes en Teatro del Arte (Madrid).

  • ¿Cómo surge el tema de la obra?

Yo estaba deseando saber cómo era la escena contemporánea europea. Había visto muchos vídeos de grandes artistas contemporáneos y montajes arriesgados y experimentales en España (Castelluci, Rodrigo García, La Fura, Carles Santos, La Zaranda). Pero no me enteré hasta que no fui al Festival de Avignón, y vi de qué manera tan espectacular y bella activaban los sentidos del espectador artistas como Steven Cohen o Nicola Stemann, trabajando la imagen y la puesta en escena. No estaba por encima el actor, ni el texto, sino el total. Eran montajes hermosos y llenos de poesía. 

Las obras que había visto hasta el momento me parecían panfletarias o desgarradoras (no incluyo a Rodrigo García ni a la Zaranda ni mucho menos al gran Romeo Castelluci), porque aquí se critica más desde lo literalmente político, y a mí eso me parece leer la prensa, me aburro si me dicen lo que tengo que pensar. 

Soy de la opinión de que la escena necesita poesía para transmitir un contenido, pues el espectador es el que ha de completar con su sensibilidad y pensamiento.

Entonces tenía un libro de Susan Sontag, cuya portada era un grabado de la serie “Desastres de la guerra” de Goya, titulado “Tampoco”. En él, una mujer ahorcada mientras un soldado napoleónico, entretenido, la mira, sentado frente a ella. Busqué ese grabado. Y empezaron a salir todos los desastres y caprichos y disparates. Los caprichos, estampas satíricas sobre la nobleza y el clero de España, me cautivaron. ¡¡¡Eran muy actuales!!! 

Eran cómicos y dramáticos, eran esperpento puro. Me pareció que no era justo conocer por encima los grabados de Goya y más en profundidad su obra de encargo, que es maravillosa porque ya había en ella cierta crítica, pero eran retratos de la realeza, nada más aburrido, y que el propio pintor detestaba hacer: trabajar por encargo. 

Goya precursor del Romanticismo, rechaza el trabajo por encargo, y se anticipa al concepto de genio del XIX, artista que trabaja por cuenta propia y libre de toda atadura. También enloqueció y enfermó gravemente, algo que heredan los románticos como modo de vida. A todo esto le añado que era una época en la que yo quería irme de España. Goya, perseguido por el tremendo tirano Fernando VII, tuvo que exiliarse a Burdeos. Le dolía mucho España. Y a mí también me duele porque la amo, afortunadamente nadie me persigue para matarme. 

  • ¿Como fue el trabajo con Pilar G. Almansa, autora del texto?

El trabajo con todo el equipo artístico fue similar, experimentación a partir de los caprichos, y cada uno en su disciplina: actuación, dramaturgia, vestuario, música en escena, escenografía…

A partir de improvisaciones, la autora recogía cada día de ensayo en el ordenador lo que sucedía en la sala de ensayos, luego a partir de ahí íbamos componiendo y limpiando. También hay textos que tras largas conversaciones y documentación ella trajo para llevarlos a escena directamente, pero en general fue una creación colectiva. Para las improvisaciones seleccionábamos un capricho de Goya y lo relacionábamos con una noticia actual, la coherencia era impresionante.

  • ¿Cuál es el propósito del texto?

Aunque en muchos momentos se trata de un texto de acción, la función del texto en la mayoría de los casos es apoyar la imagen, nunca describirla, sino potenciarla. Pero la imagen al tratarse de un pintor es lo potente de Lucientes.

También incluimos ciertos textos del propio Goya, reflexiones que él dejó por escrito, alguna carta que llevamos a escena. Pero sobre todo es una obra de acción coral y dinamismo. Con muchas partes musicales.

También con el texto nos proponemos que el espectador elabore pensamiento, que reflexiones, que concrete lo que ve, que se coloque y se descoloque.

También posee Lucientes un carácter brechtiano, pues no trata de adoctrinar, pero cumple una función didáctica mostrando por un lado valores, y por otro, el maravilloso y gran legado que nos dejó Goya. El espectador va a casa y escribe en Google: caprichos de Goya. Esto para mí es de los mayores placeres.

  • Partís de la hipótesis de que hay una predisposición muy española a la deformación de la realidad. ¿Qué queréis decir exactamente?

Explicar, así en pocas palabras, lo que es el esperpento, es harto difícil. Sin embargo es algo que todos los españoles conocemos y reconocemos a la perfección. Los ingleses tienen el absurdo, nosotros el esperpento, y este concepto lo inventó Goya en su época haciendo un retrato de la España de su época, y claro las imágenes no eran puras ni bellas sino deformes.

Para no dar una clase teórica sobre esperpento, Goya, Valle-Inclán etc, resumiré diciendo que la deformación es el verdadero alma de una identidad. El esperpento es irrisorio, pero también es dramático, y eso es algo única y exclusivamente español, el problema es que pesa más la comedia que el drama para el carácter español. Valle-Inclán concluye Luces de Bohemia diciendo que “nuestra tragedia no es tragedia, se llama esperpento”, y eso es algo difícil de explicar, pero muy sencillo de ver.

Ahora mismo son muchos los ejemplos de deformación de realidad que podemos poner, hoy en día el esperpento es una perogrullada de las buenas, empezando por la corrupción y continuando por las declaraciones de tantos responsables de cómo está el patio. ¿O no es esperpéntico Mariano Rajoy o Pablo Iglesias?

Rajoy no llega ni proponiéndoselo, a ser dramático, el y muchos más son irrisorios… y ahí está el problema, parece que no le vemos la gravedad mientras sea un ser ridículo. Pero la tiene. Pablo Iglesias también está haciendo sus pinitos, pero de momento, parece inteligente, aunque no sé si es de fiar. Ya veremos. 

los lucientes

  • Eres una de las creadoras de la compañía La Intemerata, encargada de la producción de Lucientes. ¿Cómo animarse en estos momentos duros para el sector cultural? 

La pasión por el arte y la cultura como algo indispensable para el desarrollo de una sociedad,  es la base que impulsa a tomar un camino tan arriesgado. Tan placentero como terrible. Tan hermoso como doloroso. El espíritu de lucha es imprescindible, el aceptar que dependes de tu trabajo porque nadie va a regalarte nada, y que no importa tu currículum  si eres una joven creadora. Aceptar algo así cuesta tiempo y experiencia, y es algo necesario porque realmente, el invertir tu tiempo, tu energía, tus emociones, tus euros y tu persona al cien por cien, siempre da frutos. Siempre. Desde que estrené Lucientes, al menos en pequeña escala, mi nombre suena de algo, y se sabe en qué tipo de trabajos me empeño.

El panorama es desolador, pero siempre lo fue si no tienes padrinos. Aceptar quién eres y dónde estás es primordial para no sufrir. Yo he decidido no sufrir, a veces es una elección. Sólo el tiempo y el talento te da la razón, y en ese sentido no puedo quejarme, ya que siembro y recojo, muy lentamente, pero recojo.

  • Son 6 actores más un músico en escena. ¿Cómo son los personajes?

Puesto que Lucientes no es un texto de estructura convencional, a excepción de Goya, no podemos hablar de personajes como tales. Aunque aparece la relación que tuvo con la duquesa de Alba y la ambigua amistad que le unía a su gran amigo ilustrado Martín Zapater. Pero para haceros una idea, los personajes son esencias, ideas, pinceladas de sus cuadros, conceptos, y no tienen una vida larga en escena, puesto que forman parte de su imaginación, mediante la cual pintaba (siempre basándose en la realidad, ya que no es fantasía sino sátira).

Por ejemplo, un actor empieza siendo un asno, pasa por inquisidor, luego es un torero, un ave nocturna, un soldado napoleónico, un decapitado, y así un larguísimo etcétera. Retratamos el universo de Goya, en el que caben alegorías de todo tipo, pertenecientes a sus sueños y a sus pesadillas. 

  • Desde luego, es una obra diferente a la oferta teatral. ¿Qué acogida crees que puede tener el montaje? 

No conozco a nadie al que no le haya impresionado. El viaje que vive el espectador en su butaca es brutal y está lleno de contrastes. Me parece necesario estimular la mente y el alma del público, y con Lucientes eso se consigue. Hay gente a la que le incomoda más, gente a la que le parece lo mejor que ha visto en su vida (esto es sincero, lo prometo), pero nadie se va a su casa sin querer hablar de Lucientes… se te queda en el cuerpo un tiempo, de hecho a veces es tanto así, que mucha gente repite la experiencia. 

  • ¿Qué destacarías del espectáculo? 

Partir de un universo como el de Goya, es algo demasiado potente. Todavía podría hacer 10 o 15 montajes más sobre lo que este hombre aportó al arte y al pensamiento, así que el universo de Goya es lo más destacable. Pero lo más atractivo a nivel visual y sensorial es la fusión de lenguajes escénicos como el trabajo corporal del coro más las proyecciones más las atmósferas que crea el contrabajo más el vestuario más la comedia más las partes musicales.

Pero una cosa es una puesta en escena atractiva y otra cosa el contenido que ha de haber siempre sobre un escenario y llegar directo al espectador.

Creo que Lucientes reúne máximas como belleza, pensamiento, crítica, emoción y verdad, que se consiguen sobre todo a través de la imagen, que es lo más poderoso y lo más inolvidable. Un día me dijo una espectadora que Lucientes era un espectáculo muy generoso, y me pareció una crítica preciosa, y muy verdadera.

  • Recomiéndanos alguna obra que hayas visto últimamente:

Lo último que he ido a ver es Castigo ejemplar ¡yeah! de Íñigo Guardamino en La Trastienda. Me parece un autor muy inteligente y mordaz. Los actores son maravillosos. Muy recomendable.

  • ¿Cómo animar al público a ver la obra? 

Lucientes es toda una experiencia, hablamos de España y por España mediante el ingenio infinito de Goya, como el nos brindó en su época. El espectador ríe, sonríe, se conmueve, reconoce lo mejor y lo peor de este país, bailará y cantará, descubrirá un Goya de hoy en día… y hasta comerá jamón y beberá vino. No se puede dar más por tan poco.

Muchos espectadores dicen que Lucientes debería estar en el mejor teatro de Madrid. Pero será que el espectador adecuado para lograrlo, aún no ha podido venir a verlo. ¡Os esperamos con alegría! Ante todo alegría.

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