Entrevista a Hugo Álvarez Gómez, autor y director de LOS GATOS PARDOS

Carmen y Kiko se conocen en una extraña fiesta de swingers organizada por un discreto club de Cuatro Caminos. Ambos son fruto de sus extrañas circunstancias y ambos, han trazado un plan definitivo para hacer de esta velada un auténtico exorcismo de sus problemas sociales. Lo que no se imagina ninguno de los dos es que el destino, azaroso y visceral, les ha querido unir esta noche para resolver una deuda que tienen pendiente.

Los gatos pardos es una producción de El Dilema Teatro escrita y dirigida por Hugo Álvarez Gómez, a quién entrevisto para saber más del montaje.

¿Cómo surge la historia de Los Gatos Pardos?

La obra nace como un encargo que finalmente fue rechazado porque el resultado final era demasiado extravagante a ojos del demandante. La escribí a principios del año pasado e inmediatamente pasó a la recámara de obras que queríamos hacer después de Maracuyá (comedia en la que nos encontrábamos inmersos en ese momento). La historia ha sufrido algunos cambios respecto a la versión inicial porque tuve que adaptarla a las necesidades de nuestra compañía pero básicamente, como en un principio se me pidió algo divertido, locuaz y atractivo; pensé que sería perfecto tratar el miedo como motor humano, jugar con los absurdos cotidianos y que todo se desarrollase en un lugar desconocido, morboso e inquietante para muchos espectadores. La obra es como unos de esos rompecabezas hechos con cubos. En alguna de sus caras espero que alguien vea un destello, quizás su propio reflejo.

¿Por qué acaban Carmen y Kiko, los protagonistas de la obra, en un club de swingers?

Carmen y Kiko son dos personas que siempre se han movido por impulsos sociales y debido a un golpe del destino tienen que asumir una nueva condición de inadaptados. Los dos tienen muy claro lo que quieren en sus vidas pero no saben muy bien cómo conseguirlo. A Carmen le gustan las emociones fuertes y Kiko cree que ha nacido para salvar vidas, así que cuando este club de swingers se cruza en sus caminos les parece el mejor plan del mundo para pasar la noche madrileña. Pero ellos no quieren cambiar, quieren aprender a ser así.

Mercedes Cima, Ángel Paisán y Cristina Pineda son los actores de la obra. ¿Qué han aportado a tu texto que no vieras mientras lo escribías?

Creo que Los Gatos Pardos tiene un texto bastante complicado para interpretar. Es enrevesado y laberíntico y al ponerlo en pie nos dimos cuenta que en muchas partes primaba fijar la técnica y después las emociones. Tanto Ángel Paisán como Cristina Pineda, dos actores en los que mi confianza traspasa lo meramente profesional, claramente han enriquecido cada arteria de sus personajes dándoles unas dimensiones que yo no había tenido en cuenta. Mercedes Cima ha sido todo un descubrimiento para nosotros. Necesitaba que Madame Alaia, la dueña de la casa, fuera muy misteriosa, con una belleza felina y con mucho carácter. Tanto en físico como en interpretación encajó como un guante. Y como debido a la interacción con el público su papel era el más abierto de los tres, todo el encanto de esta peculiar empresaria lo aporta ella. Con todo esto hemos podido probar infinidad de formas de montar este espectáculo y al final he elegido la que más se asemejaba a lo que yo tenía en mente, aunque ahora es mucho mejor.

los gatos pardos

¿Qué importancia tiene la música en Los Gatos Pardos?

Siempre tenemos muy cuenta la ambientación musical en nuestras obras y no sólo para que hayan coreografías delirantes y sorpresas efectistas sino también por un motivo argumental, a mí me sirven para contar de otra forma la historia. Teníamos en mente respirar un aire sensual y excitante a la par que enfermizo y oscuro. Busqué en bandas sonoras de películas eróticas y pornográficas de los 70 y seleccioné lo que más se adecuaba a la obra. Había escuchado las recopilaciones del DJ francés Drixxxé e intenté hacer unas mezclas parecidas. También suenan temas “Beatnik” (estereotipo de la generación Beat, el cual tiene cierto paralelismo con sucesos de la trama) y además, cada personaje se asocia a una canción que rompe este envoltorio y que ya estaba planteada en el texto. Digamos que es una sesión en toda regla y que quise figurar como responsable para hacer un guiño a aquellas personas que, a veces por ego y a veces por necesidad, se pluriemplean en trabajos lucidos para sobrevivir como artistas. En este aspecto, yo no hago más que darle a un botón así que realmente soy un “quiero y no puedo pero le echo morro para que no lo parezca”. La obra también deja un poso de eso, de modernidad. 

El miedo está muy presente en el texto. ¿Qué aprendemos sobre el miedo viendo la función?

Más que aprender nos gustaría que el espectador se preguntase por un instante cómo afecta el miedo realmente a sus vidas. Creo que en mayor o menor medida todos estamos influenciados por nuestros temores y a la vez que necesitamos poner ciertos límites para no perder aquello que amamos, tampoco podemos vivir atados por las posibles consecuencias de nuestros actos. Es un equilibrio muy difícil de mantener, y por lo que a mí respecta no hay nadie que no esté un poco desequilibrado. 

Los Gatos Pardos forma parte de una trilogía de El Dilema Teatro que se inició el verano pasado con Maracuyá. ¿Se sabe ya algo del tercer montaje?

Creo que el tercer montaje tardará algo más en ver la luz porque tenemos otros proyectos en mente. De momento tengo escrita la mitad de la obra, una especie de sainete costumbrista llamado “¡Que baje Dios y lo vea!” en la que dos señoras del barrio de Berruguete se ven envueltas en un lío tremendo. A mí me gustaría que este cierre fuese un proyecto más grande en un teatro totalmente convencional pero como decía Moustache en Irma La Dulce: “Eso es otra historia”.

Recomiéndanos alguna obra que hayas visto últimamente:

Voy a recomendar algo que vi el año pasado en Kubik Fabrik y que vuelve en mayo al Teatro Lara los lunes a las 20:30. Es “Constelaciones” de Nick Payne, dirigida por Fernando Soto e interpretada por Inma Cuevas y Fran Calvo. Un trabajo impecable por parte de todo el equipo con una historia de esas en la que piensas cuando estás melancólico. El Rubik del amor. Para mí es una de las grandes olvidadas de los Max de este año porque tiene todo lo que busco en una obra de teatro. Que sea inolvidable.

los gatos pardos

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