La belleza y la voz de una joven soprano hace que el fantasma que habita en las catacumbas de la Ópera Garnier de París se enamore perdidamente de ella. A los antiguos “accidentes” que sucedían en el teatro, se suman otra serie de altercados y muertes cuando el Fantasma reivindica que el papel protagonista de la obra que él ha compuesto ha de ser para Christine. Ella se enamora de él, de su “ángel de música”, hasta que descubre que, detrás de la máscara, hay algo más que una cara desfigurada. Así es El Fantasma de la Ópera, el musical que más años lleva siendo representado en Broadway.

Parecía imposible subir nada más y nada menos que a 180 artistas a las tablas del Compac de Gran Vía, algo que a veces se nota al ver “sufrir” a los actores y bailarines para moverse por el escenario. Es cierto que parece un formato mucho más adecuado para el Lope de Vega (sin embargo El Rey León da mucha guerra) o incluso para el Teatro Real, que le habría dado una atmósfera totalmente distinta, pero han conseguido defender una puesta en escena muy complicada.

La Banda Sinfónica y el Coro del Liceo Municipal de la Música de Moguer, formados por músicos y cantantes de todas las edades, sostienen la partitura de Andrew Lloyd Webber encima del escenario dando una mayor intensidad a la obra y trasladándonos a un París del siglo XIX.

Representar importantes musicales en forma de concierto se ha hecho bastante común desde hace unos años y para mí no suele ser un acierto. Sin embargo, incluso con un decorado muy sobrio reinado por un enorme candelabro, la presencia de la orquesta en el escenario, sobre todo en determinados temas más tétricos, no hace más que reforzar la atmósfera y hacer que sea aún más impresionante.

Si Talia del Val nos dejó boquiabiertos en Los Miserables, ahora ha conseguido enamorarnos en la piel de Christine. Parece mentira que tras esa imagen de humildad y sencillez se esconda, sin duda, una de la mejores voces españolas. Una técnica vocal impecable con unos agudos inalcanzables junto a una muy correcta interpretación hacen que se nos erice la piel y el teatro se ponga en pie. Virginia Carmona y su Carlotta tampoco se quedan cortas con un registro amplísimo. Por supuesto, el Fantasma (David Romero) hace suya la máscara y la rosa y consigue traspasarnos con su crueldad, su vulnerabilidad y su amor.

El Fantasma de la Ópera es un clásico inagotable. Por su originalidad, su sencillez, su libreto y su carácter se ha ganado su presencia en las tablas desde hace mucho años y en este caso no podía ser de otra forma. El Fantasma ha conseguido encantarnos.

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2 comentarios sobre “Crítica de EL FANTASMA DE LA ÓPERA

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