El Maestro de Ceremonias da la bienvenida a los espectadores cada noche al Kit Kat Club, invitándoles a dejar sus problemas fuera y a concentrarse en divertirse.

Prostitutas, alcohol, música y mucho sexo acompañan cada noche a los protagonistas: la cantante inglesa Sally Bowles y el novelista estadounidense Cliff Bradshaw; y Fraülain Schneider y el judío Herr Schultz que vivirán una historia de amor rodeados de una fingida normalidad. Una libertad disfrazada que se desarrolla en el Berlín de 1931, donde el régimen nazi va tomando fuerza. Esto es CABARET.

Otro éxito de Broadway estrenado en 1966 y dirigido por Harold Prince llega a la Gran Vía madrileña con varias de las canciones más conocidas de la historia del teatro musical: Willkommen, Money Money o Cabaret. Un libreto que se escinde en dos actos completamente distintos en los que consigue hacer que el teatro llore de risa, pero también que se le pongan los pelos de punta y parte de la sala salga de la función con lágrimas en la cara.

Caras conocidas en los papeles protagonistas; y es que parece que cada vez más actores españoles saben cantar. Y saben cantar muy bien. Dos enormes sorpresas. La primera: Edu Soto. Cuando bajó las escaleras de Tu Cara Me Suena vestido de Rosario Flores estaba claro que no iba a tardar en calentar la voz para alguna obra como Cabaret. Se mete en la piel de MCee (para mí, quizás, el mejor personaje de todo el musical) brillantemente. Espasmódico, grotesco, burlón y desternillante, nos guía durante las dos horas y media echándole de menos cada vez que desaparece de escena.

La segunda: Cristina Castaño. Sentarte en la butaca con Liza Minelli en la cabeza es bastante complicado para la actriz que presta su piel a Sally, pero es que Cristina no hace sino sorprendernos con esa faceta dramática que no podemos ver con su personaje de La Que Se Avecina. Cada vez más televisivos se suman al teatro, pero es que a Castaño no deberían dejarla bajar de las tablas.

El diseño de vestuario de Antonio Belart recrea la sexualidad del cabaret de los años 30 pero también de la Alemania nazi, incluso sumándolos con un MCee vestido de Hitler con tutú. La escenografía de Ricardo Sánchez Cuerda es sencillamente brutal. Los decorados nos transportan directamente a la Alemania de la época y transforman el teatro madrileño en una auténtica sala de variedades. Un escenario completamente modulado se pone al servicio de una puesta en escena llamativa de principio a fin. ¡Y qué fin!

MCee nos da la bienvenida con un “Willkommen, bienvenue, welcome. Im cabaret, au cabaret, al cabaret” y consigue que no queramos despedirnos de él. Cabaret consigue hacer un recorrido por todo el espectro de emociones. Un clásico inagotable que Jaime Azpilicueta ha sabido traer al escenario del Teatro Rialto de forma brillante y que sin duda es un must en la agenda teatral madrileña.

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