Entrevista a Pablo Osuna, director de UN HUECO
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compañia la mirilla teatro

Entrevista a Pablo Osuna, director de UN HUECO

Atrincherados en el almacén de la escuela de pintura del pueblo, tres amigos, Hugo, Lucas y Pablo, buscan refugio de lo que está sucediendo al otro lado de la puerta: el velatorio por la muerte de Santiago, el cuarto amigo, el cual trabajaba como profesor en la escuela. Hugo es el único que se fue del pueblo a Madrid, el que rompió el círculo, el que mira de lejos; los otros dos, Lucas y Pablo, se revuelven en la rutina polvorienta y repetida como una oración. Todo se quiebra por la muerte absurda de Santiago y la vida se rompe, cambiando los caminos establecidos.

Un hueco es una adaptación de la compañía La Mirilla Teatro protagonizada por Jesús Gago, José Gómez y Alejandro de Santos. La escuela de dibujo Laocoonte se convierte en un escenario teatral gracias a la dirección de Pablo Osuna y la ayuda de Rodrigo Adrados. Entrevisto a Pablo para saber más sobre esta original propuesta escénica.

Un hueco es, originalmente, una obra argentina que se representa en los vestuarios de un club deportivo. La Mirilla la adaptasteis en 2012 para los camerinos del teatro Kubik Fabrik y ahora lo habéis reestrenado en una escuela de dibujo. ¿Ha cambiado algo la versión de este año con respecto a la del 2012?

Estamos a punto de cumplir 4 años desde que nuestra Compañía La Mirilla empezó a ensayar Un Hueco. Desde entonces, cambiaron muchas cosas hasta llegar al momento presente: hemos pasado de hacer la obra en los camerinos de un teatro a un almacén en una escuela de dibujo, hemos ido adaptando el texto a partir del trabajo colectivo de los ensayos, modificándolo a nuestra realidad más cercana y al nuevo espacio, los actores han ido encontrando nuevas acciones en los personajes.. Pero supongo que por encima de todo lo anterior, hemos cambiado nosotros. Y nuestro montaje actual recoge inevitablemente todo ese pasar del tiempo.

Hay veces que pienso que, con las condiciones y recursos tan limitados de producción que hemos tenido, es un pequeño gran milagro que hayamos llegado juntos hasta aquí 4 años después. Estoy muy orgulloso del camino recorrido, y sé que además este proceso tan largo queda reflejado en el montaje actual, especialmente en el trabajo que hacen los actores, el verdadero centro de esta función.

¿Por qué habéis escogido el almacén de una escuela de pintura como ambientación en esta nueva versión?

Como bien apuntabas antes, el montaje original argentino ocurría en los vestuarios de un club deportivo. Para nosotros era muy importante retomar esa apuesta, investigando el hecho teatral desde un espacio real (no teatral). En Un Hueco no hay escenografía propiamente dicha, si no que la acción se enmarca siempre dentro del propio espacio en el que se encuentra el espectador. Buscamos durante mucho tiempo en Madrid un espacio no convencional que nos permitiera representar la obra como queríamos. No era sencillo, imagina las caras que nos ponían en muchas tiendas y lugares cuando les hacíamos la propuesta..

Un día, paseando por la calle de la Luna, nos llamó la atención desde fuera la Escuela de pintura Laocoonte. Entramos, y literalmente en menos de un minuto, Juan Tena, su dueño, ya estaba arreglando con nosotros las fechas en las que haríamos la función. Con él han sido todo facilidades, alguien que creyó en nosotros y en Un Hueco sin conocernos de nada.

Al representarse en una escuela de dibujo, ¿qué aporta al espectador ver una función en un espacio teatral no convencional?

La realidad del espacio inunda todo lo que ocurre en él, el público tiene la sensación de haberse colado en un sitio donde no debería estar, tiene la oportunidad de mirar a través de una mirilla al otro lado, el que ocupan los personajes en la ficción. En definitiva, el espacio termina por transformarse en un actor más del montaje.

Las tres líneas temáticas de Un hueco son la muerte prematura, la amistad y la contraposición de la vida de pueblo y la de ciudad. ¿Qué aporta el texto sobre estos temas?

Supongo que la respuesta a tu pregunta se hace única y diferente para cada espectador que se acerca a vernos. A través del texto de este montaje, tratamos de lanzar preguntas sobre todos esos temas tan universales, para que sea el propio espectador quien construya sus respuestas en su imaginario. Nos gusta pensar al teatro desde este lado, como una invitación al espectador a construir desde su propia experiencia. Y lo bonito y misterioso es cuando esto le sucede al espectador sin que haya sido apenas consciente. Si hemos hecho bien nuestro trabajo, cuando la función ha terminado, algo se ha modificado internamente dentro del espectador. El germen de un nuevo misterio que le acompañará a partir de ese momento.

En todos estos años, habré leído y releído y visto Un Hueco, ¿cuántas? ¿500 veces? No hay un día que no lea el texto o vea el montaje y no descubra algo nuevo en él; esto es, me descubro interrogándome sobre algo que no conocía en mí.

Define en una frase a cada personaje:

Voy a dejar que hablen ellos mismos a través de lo que dicen en la propia obra:

  • Hugo: ¡Nos hemos quedado solos!
  • Lucas: ¿Te das cuenta cómo funciona esto? Haces planes para un sábado y te mueres un viernes.
  • Pablo: Aquí es así. Cuarenta mil habitantes y una sola oreja.

La función tiene un aforo reducido a 22 personas por lo que las reacciones del público se perciben más fácilmente. ¿Cómo está siendo la crítica del espectador en estas semanas que lleváis ya?

Tener un aforo tan reducido otorga a la función un carácter muy íntimo, y eso efectivamente facilita la cercanía en la respuesta del público. Además, antes de entrar en la función, invitamos a los espectadores a unos aperitivos acompañados de una degustación de cava. Al salir, son muchos los espectadores que se acercan a nosotros a darnos sus impresiones sobre lo que han vivido en ese tiempo con nosotros dentro de la escuela de pintura. En líneas generales estamos contentos porque las respuestas de estas primeras semanas están siendo muy positivas. Creemos que la obra funciona, y que los espectadores salen muy modificados de este viaje teatral.  Y por supuesto, hemos de ser muy cuidadosos con nuestro trabajo, ya que al ser una obra tan desnuda y cercana al público, tenemos muy presente que cualquier acierto o error en el montaje se ve agrandado en su dimensión.

Agradezco muy especialmente a aquellos espectadores que nos comentan aspectos a mejorar del montaje. Es muy generoso y honesto que alguien se acerque a decirte algo que no le ha gustado. Dado que estamos teniendo continuidad en el tiempo con la función, estas primeras críticas nos permiten ir corrigiendo y puliendo esos aspectos de función a función, así como reforzando aquellos que caminan en la buena dirección. Como director, este proceso me resulta fascinante, acompañar a la obra durante toda su vida. Hasta el día que tengamos que bajar el telón por última vez.

Habéis renovado hasta junio todos los sábados. ¿Por qué hay que ir a ver la obra?

Hay que ir a ver Un Hueco porque es la oportunidad de ver y vivir una obra de teatro de una manera muy especial, en un espacio tan singular como una escuela de pintura. Hay que ir a ver Un Hueco porque es la oportunidad de ver un trabajo cocinado a fuego muy lento, en el que se han puesto los mejores ingredientes y muchas horas de cariño, y esto produce un resultado muy especial fruto unívoco de esas características de trabajo. Hay que ir a ver Un Hueco porque es la oportunidad de ver teatro de actores, y los de esta función hacen un grandísimo y honesto trabajo, y además nos llevan de la mano a preguntarnos sobre temas a los que resulta muy difícil mirar a los ojos.

Una obra de la cartelera madrileña que hayas visto últimamente:

Zombi Zombi, de una Compañía madrileña a la que seguir muy de cerca: La Belloch. Un montaje genial, fresco, muy vivo. Esta Compañía ya había conseguido enamorarme previamente con Verano en diciembre. Me fascina de sus montajes el singular universo femenino que los habita, lleno de una ternura que llega de forma muy palpable al público.

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